Desnudando El Mundo

ESTACIÓN KAPITARI. IQUITOS PERÚ
Octubre 2018
En la jungla del Amazonas cerca de Iquitos, Perú hay muchos secretos milenarios. 
Hay la farmacia natural más grande del mundo. De donde todas las farmacéuticas que conoces sacan sus ingredientes principales para hacer los principios activos de las medicinas que tomas o tomaste algun dia.
Los indígenas han sabido siempre el poder de curación que tienen sus plantas y entre ellas la planta de la ayahuasca. Ellos la usaron por muchos años antes de que se diera a conocer en todo el mundo como se conoce ahora después del boom o despertar o necesidad de búsqueda espiritual que ha surgido en la población occidentalizada. 
Esta planta de energía femenina se usaba para purgar cuando había alguna intoxicación y mezclada con la chacruna, planta de energía masculina que contiene alta cantidad de DMT, resultaba el gran brebaje que te conecta con tu yo más interior y con dios, según los indígenas.
Ahora, si vas a Iquitos, hay centros de ayahuasca por todas partes, con shamanes, falsos shamanes y con mucha gente interesada en hacer negocio de la sanación. ¿les podríamos llamar industrias farmacéuticas espirituales?
Llegué una mañana a Iquitos exhausta de 3 días de barco por el Amazonas buscando la paz de la selva, no sabía donde ir y de repente, por arte de magia, me estaban invitando a la selva a un centro de sanación con ayahuasca. Decidí seguirles y ver que pasaba.
Llegué a Kapitari invitada por Jazzmin, la hija del taita o shaman Don Lucho. Un centro perdido en medio de la jungla todo construido por las manos de Don Lucho. Con un lago enorme que él mismo cabó. Con hermosas y bien sencillas cabañas. Solo hacían que hablar de don lucho. Los pacientes que iban a estar en retiro esa semana me decían que habían realizado búsquedas extensas en internet para saber cuál era el mejor centro de ayahuasca de Iquitos y por eso estaban aquí. Yo no sabía nada, solo sabía que me iba a quedar ahí una semana recibiendo la medicina a cambio de la semana siguiente ser la facilitadora, la traductora entre Don Lucho y los pacientes que casi siempre son occidentales y que en las ceremonias de ayahuasca estaría asistiendolo y teniendo cura de los pacientes. Un regalo de aprendizaje y de experiencia.
Mi curiosidad aumentaba por segundos queriendo conocer a ese increíble hombre. Y por fin pasó, Don Lucho con su gran sonrisa y su sencillez apareció,o e inundó el espacio. Un hombre cualquiera pero que por allá donde pasaba dejaba un halo de tranquilidad. Un hombre que lleva más de 38 dedicándose a la medicina natural. Que conoce todas las plantas que tiene alrededor y sus propiedades y ha desarrollado su propia técnica para extraer al máximo sus beneficios y sanar a sus pacientes con todas ellas. La insulina natural, la que limpia el hígado, la que es para procesos asmáticos, con él tuve la oportunidad en esas dos semanas de aprender sobre esas plantas y cómo usarlas.
Don Lucho y su familia son unos seres bien humildes. Con una casita bien chiquitita donde viven todos juntos, abuelos, hijos y nietos. Todo el dinero del centro lo usa para proyectos sociales, para ayudar a las comunidades indígenas de alrededor y a familias con problemas económicos y pagar a sus increíbles trabajadores que son todos un amor. Les enseña a todos los vecinos el arte de la permacultura que él mismo aprendió hablando con las plantas y creó su propio biol a partir del compost con el que ha aumentado por 3 la producción de sus plantas de cacao con las que hace increíble chocolate.
Todo eso hace ese hombre de 60 años, todo eso y cada noche se encuentra con los espíritus y la medicina del ayahuasca para sanar a sus pacientes. Cada noche se queda en vela y conectando con ellos mientras cada uno está viajando a su alma más profunda. A sus recuerdos, conectando con sus enfermedades y adicciones. Y les canta esos hermosos icaros y les.limpia la energía del entorno y de ellos mismos.
Kapitari es un centro humilde y fue mi casa por dos semanas, una en la que estuve como paciente aprendiendo de las plantas y de la abuela ayahuasca y entrenándome para el que sería mi trabajo la semana siguiente. Y otra semana en la que hice un trabajo que disfruté al máximo, trabajo que volveré a repetir en algún momento ya que en mi mente está volver algún día a Kapitari.
En Kapitari se trabaja con mucho amor, no sé como serán los otros centros pero no creo que esté tan lleno de luz como éste, iluminado por la ilusión de toda la familia de Don Lucho.
Si alguien está interesado o estaba buscando una experiencia de sanación y limpieza así, les recomiendo este lugar con todo mi corazón. 

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